lunes, 14 de mayo de 2012

Un desierto pasado x agua. MONEGROS 2012 (Parte 1).



Llegó el día. Un desafío en toda regla para mi, un biker aficionado que no había cubierto más de 60 km de una tacada. Y el entorno también era especial, el desierto de los Monegros, así que cubrir la distancia de 120 Km. se convirtió en una meta, una ilusión, un anhelo y un reto personal. El objetivo se superó, pero con sensaciones agri-dulces como más tarde os contaré.


8h. de la mañana. He quedado con Axel y Pere en un área de servicio en la AP-2. Más tarde pasamos a buscar a los 2 "Davids” por una gasolinera de Fraga y juntos llegamos al pueblo de Sariñena, epicentro y lugar de salida de la Monegros 29er 2012. Al llegar lo que impresiona es el ambiente. Muchas caravanas, autocaravanas, tiendas de campaña y coches en el solar destinado a aparcamiento. La zona es un ir y venir de gente “disfrazada” de ciclista con bolsas y sus bicicletas, muchas de ellas de alta gama. Las banderolas de Orbea, patrocinador oficial de la prueba, ondean en el cajón de salida delimitado por vallas. Están haciendo pruebas de sonido y la música ya suena en los altavoces, la cosa promete.


 
Nos juntamos con Eloi, el biker que faltaba de la grupeta. El tiene la suerte de venir acompañado por su familia y ha dormido aquí. Vamos a buscar los dorsales, dentro de una nave industrial, separados en stands según tu número asignado. Nos entregan una bolsa azul, que contiene una pulsera para los avituallamientos, una camiseta técnica, una pegatina y el dorsal con chip incorporado. De momento todo normal, como cualquier otra pedalada, pero con más gente. Hay que recordar que habían inscritos un total de 6.000 bikers, con sus respectivos acompañantes, coches, etc  también encontramos una pequeña zona expo donde poder ver las últimas novedades de Orbea, comprar ropa, libros, tiendas de campaña y productos relacionados con los deportes Outdoor.



Vamos a la zona de comedor a coger fuerzas. Todos con su “tuper” en mano, devorando platos de pasta, arroz, algo de carne y plátanos. Típica comida de ciclista. Allí me encuentro con otro compi, el gran Jordi Gallart, compañero de fatigas en otras pedaladas como las del Open BTT Tour o La Portals 2012. Nos saludamos y nos damos ánimos y suerte (la íbamos a necesitar). Tras la comida, un breve paseo por las instalaciones habilitadas para la ocasión. Me llamaron la atención varios detalles como la ausencia de vestuarios para que la gente se cambiara, que solo hubiera 2 mangueras con agua a presión para lavar las bicis o el número de WCs portátiles. Creo que conté unos 8 o 9. Para 6.000 participantes y acompañantes se me antojaban insuficientes, vamos que no me salían las cuentas.


 
Volvemos al coche, empezamos a cambiarnos y a montar las bicis. Menos de una hora para la salida y todavía con estos pelos!!!!!  Foto de familia y para la línea de partida como siempre, al final del pelotón. Risas, nervios, fotos de última hora, comprobaciones del material, gafas, mochila,etc. De repente, un helicóptero despegó al lado nuestro, señal inequívoca de que esto iba a empezar. Fue un golpe de efecto de la Organización, un número “circense” a la postre innecesario porque creo que no iba medicalizado y solo sirvió para hacer alguna foto de la salida. Ya se hubieran podido ahorrar ese gasto y comprar más comida…



Salida!!!!!  Entre empujones y con un pie en el suelo llegamos a pasar por el arco de salida. Ese momento sí que fue bonito. El pueblo entero salió a la calle para animar a los aguerridos ciclistas que iban a conquistar el desierto. Pero antes de tocar tierra, ya comenzaron los primeros embotellamientos. No puedes pretender que 4.500 tíos pasen por una calle estrecha a la vez, eso no fue buena idea…





 Salimos del pueblo y nos encontramos una pista totalmente plana, polvorienta, la gente iba muy deprisa, demasiado y así les fue a algunos, que acabaron con sus huesos en el suelo.




Creo que este accidente se debió a la imprudencia del biker, que se desplazó lateralmente para no pisar un charco y se llevó por delante a 2 ciclistas. No es que la gente sea alérgica al barro, es que el barro de Los Monegros tiene trampa. Se trata de una tierra arcillosa que, cuando se seca, queda muy endurecida y puede pasarte factura a lo largo de una travesía tan larga como esta, obligándote a abandonar por problemas mecánicos. Muchos se quejan de esta conducta, pero señalizando la acción, creo que está más que justificada. Así vimos luego gente con la cadena a modo de collar…



Tras pasar varios charcos y diferentes embotellamientos, decido empezar a marcarme un ritmo, para poder llegar con garantías al final y reservar fuerzas para la temible travesía que me habían descrito. Así pues me separé del grupo y me quedé rezagado junto con Eloi. Empezamos a subir una fuerte pendiente, aunque corta, que hizo a muchos poner pie a tierra, así que aquí empezó una primera selección. Pasamos casas en medio de la nada donde sus moradores se habían juntado para animar a los participantes. También vimos coches haciendo botellón a pie de pista, pero esa imagen prefiero borrarla de mi recuerdo…

Ejemplo de Road-Book, en este caso el de Eloi.


Llegamos al primer avituallamiento (Km. 20)  y empezamos a planear la estrategia que seguiríamos, a la postre demasiado conservadora, aunque sigo pensando que era la correcta. Solo la meteorología se interpuso en mi camino y jugó en mi contra en los últimos 30 Km. Sandía (por cierto muy buena) plátano y agua para la “joroba” fueron mis consumos. Foto, soltamos lastre y volvemos a la ruta. Ahora entramos en una zona verde. El polvo del camino contrasta con los campos de regadío en medio de la nada, solo espero que sean autosuficientes y sostenibles esos cultivos. En esta zona se puede rodar bastante rápido, a buen ritmo, pero nosotros bajamos un poco la guardia y nos íbamos explicando las vacaciones y los proyectos futuros.  ILUSOS!!!!  Perderíamos un tiempo precioso y nos encontraríamos con la lluvia al final de la etapa.



Segundo avituallamiento (Km. 50) debajo del puente de una autopista. Más fotos, hablamos con algún participante y seguimos hacia nuestro destino, ahora sí en falso llano primero y en clara pendiente ascendente después. El firme estaba roto, con piedras de cantos vivos que rajaron y pincharon más de una cubierta. Esto sí que me llamó la atención, la cantidad de pinchazos y averías que íbamos viendo durante la marcha. ¿Serían esos los valientes bikers que pasaron por encima de los charcos? No lo sé. Me encuentro fuerte, aunque sigo manteniéndome por debajo del 75 % de mi FC máxima. Eloi no puede seguir el ritmo (al final me adelantaría el jodío) y me dice que se queda con una marcha menos. Me quedo en solitario a partir del Kilómetro 60.  Todo lo que viniera después era un éxito, ya que nunca antes había pasado de esa barrera kilométrica.



La gente, al ver el GPS, me preguntaba si faltaba mucho para coronar aquella subida interminable y yo les decía que faltaban algunos kilómetros, pero que aguantaran el ritmo. Nos dábamos ánimos los unos a los otros. Llegamos arriba y empieza el festival de la velocidad. Pista ancha, muy resbaladiza, con reguerotes de la lluvia, baches, todo esto aderezado con la dificultad de esquivar los múltiples bidones que se le caían a la gente. ¿Tanto cuesta comprarse un buen portabidón? Velocidades de 50 km/h bajando, una caída aquí supondría el final de la aventura y una visita al hospital, pero valía la pena arriesgar…para subir la media que había desperdiciado en las laaaargas paradas para avituallarme y en la charleta con Eloi.



Tercer avituallamiento (Km. 80). Aquí llego pletórico de fuerzas, primero por la rápida bajada que me permitió recuperar piernas y por el escaso consumo de glucógeno desde la salida. Me lavo con el agua de un depósito brazos y piernas cubiertas de arena y me pongo repelente de insectos. La mosca negra es la reina del lugar y le molestan los bikers, por eso les deja un recuerdo todos los años. Yo no fui menos, me picaron en el muslo derecho y en el codo, pecata minuta comparado con otros.


Llegó la hora de la verdad, el punto de inflexión, el momento de ejecutar la estrategia que había estado cocinando a fuego lento, siguiendo según lo previsto, como aquel que hace caligrafía sin salirse de la raya, como aquel niño que pinta sin salirse del dibujo. Aquel era yo. Empieza una subida rota, más técnica que las anteriores, con más pendiente y más mantenida que la anterior, con un precipicio a mi izquierda que la hace más interesante todavía. Es la primera vez en toda la marcha en que nadie me adelanta, soy yo el que voy recogiendo “cadáveres” andantes, descabalgados de sus corceles metálicos. Me encuentro muy fuerte, la autoestima aumenta, las piernas responden y me digo a mí mismo que lo tengo hecho. Todo depende de mí (siempre ha sido así) pero ahora no tengo miedo de lo que venga por delante porque podré con ello. Pero no conté con las fuerzas de la naturaleza. Al llegar a lo alto de una pequeña meseta pude ver, a lo lejos, como las nubes tomaban protagonismo y estaban descargando agua unos kilómetros más al norte. Parecían las nubes de Mordor y yo iba directo hacia ellas, empezaba a chispear…



 
Hasta aquí la primera parte de la crónica. En breve segunda parte con más fotos, el Track, resumen de la prueba...vamos, lo habitual.

Agradecimientos: Los vídeos enlazados de esta entrada son propiedad de los usuarios de Youtube nectus5  y  dprog5 

No hay comentarios:

Publicar un comentario