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lunes, 29 de julio de 2013

Cursa El Diable 2013


Este año los “Reyes Majos” me trajeron unas zapatillas para correr. Desde el primer día que calcé mis Saucony  el objetivo fue participar en esta prueba. Como espectador había asistido a varias ediciones, pero ahora quería ser protagonista. Eso de combinar 2 especialidades deportivas en una misma carrera me motivaba. Que transcurra en los parajes que acostumbro a transitar con mi btt  le daba un plus de atractivo, pero el verdadero motivo de inscribirme fue, nuevamente, poner a prueba mi cuerpo y mi mente.

 

El running es lo que peor llevaba, por eso me puse las pilas a partir del  7 de enero. Primero empecé a correr, asesorado por algunos amigos, pero en solitario. No quería ser una carga para nadie. Pasaban las semanas y ya le empezaba a coger el tranquillo a esto de correr. El siguiente paso fue salir en compañía y demostrarme a mí mismo que no estaba tan mal. He de agradecer a los compañeros con los que he entrenado muchas mañanas, después de dejar a los monstruitos en el cole. Una grupeta muy heterogénea, pero de la cual he aprendido mucho, fijándome y preguntando. Con ayuda todo es más fácil.

 

Llegó el 2 de junio, el día marcado en el calendario desde hacía mucho tiempo. Por delante me esperaban casi 7 Km de running + 26 Km de puro btt + 2,6 km de running para rematar la faena. Mi objetivo era llegar antes de que desinflaran el arco de llegada, pero el resultado fue bastante mejor de lo esperado.  Había quedado con Eloi y Axel (2 de los tres mosqueteros) en el parquing del vapor. Al encuentro acudí con el gran Santi Alarcón, compañero del Club MartorellBike, que vino a buscarme a casa. Supongo que no se fiaba de mí y pensaba que me iba a rajar, por eso no dudó en venir a mi encuentro. Hombre de poca fe…
 


Recogemos dorsales,  llevamos las bicis al parque cerrado y preparo el material para hacer la transición lo más rápido posible. El ambientillo que se respira es muy chulo. Muchas camisetas y maillots de colorines, mucha media de compresión de gemelos, algún mono de triatlón… para soltar piernas empezamos a calentar un poco al trote. Allí puedo saludar a Seve, otro figura al que los años le hacen cosquillas, a Alfonso Galeano y a Jesús. Con este último me quedo hablando y comentando la posible estrategia a seguir en carrera. La palabra clave es “dosificar” con ella en la mente me dirijo al cajón de salida. Me pongo de los últimos, vaya a ser que me pasen por encima todos estos duatletas. Poco después de las 9h. se da la salida.

 

Empieza la fiesta, salgo de menos a más e intento ponerme un límite. Voy controlando el pulsómetro hasta que me clavo en el 92% de mi F.C. Max.  Esa es la barrera que no es aconsejable traspasar, al menos tan pronto. Veo como me adelantan por derecha e izquierda. No importa, no es mi guerra (de momento) y antes de llegar al puente del Diablo me junto con Santi Alarcón. Seguimos el margen del río Llobregat en falso llano ascendente. Poco a poco me voy despegando de su compañía, pero no incremento el ritmo, lo mantengo. Me aproximo a la mitad del recorrido de running, un giro a la izquierda y empezará la subida más pronunciada. La Organización ha puesto un control allí y la persona designada es un buen amigo, Juanjo Castells. Me da ánimos y me “regala” una foto, que más se puede pedir. Entonces empiezo a ejecutar mi estrategia. Empiezo a subir el ritmo, porque sé que luego vendrá una bajada bastante larga y podré recuperarme del esfuerzo. Mi sorpresa fue cuando vi que adelantaba a corredores de dos en dos. Supongo que alguno saldría demasiado fuerte y lo estaba pagando. Arriba la pista se vuelve muy ancha y la bajada invita a alargar la zancada y buscar velocidad. Voy un poco revolucionado y decido regular. Todo y eso sigo adelantando a más corredores. Es cuando empiezo a tener dudas si estos participantes podrían acabar la prueba, si están así de “perjudicados” ahora, cuando cojan la bici…



 

Estoy a punto de hacer mi primera transición. Llego al parque cerrado y, mentalmente, no paro de repasar la secuencia correcta para coger la bici y perder el menor tiempo posible.  Empezamos bien, voy tan concentrado que  paso mi box y tengo que volver atrás, juas!!! Zapas fuera, botas OK, casco, sorbito de agua, 2 geles  y acompaño la bici corriendo hasta el arco de salida. Si en algún momento de la carrera puedo remontar posiciones es con la btt. El circuito lo conocía bastante bien y sabía que había que sufrir para poder ganar tiempo. Me tomé un gel, di la vuelta al pulsómetro (para no verlo) y Rock and Roll!!!! Cogiendo cadencia, de menos a más y notando como los músculos de las piernas se acostumbraban al cambio de gesto deportivo. Afronto el primer repecho, a la salida del parquing, que nos lleva a la carretera del cementerio. Allí oigo gritos de ánimo “¡¡¡Vamos MartorellBike!!!” Son Pere Borrell y Pedro alias “Pope” que me jaleaban. Ahora sé lo que sienten los jugadores del Barça cuando juegan en el Camp Nou. Hoy era yo el que jugaba en casa, eso me daba un plus de motivación y confianza para afrontar el reto.

 

Después de la Hípica giramos a la izquierda, pasamos bajo la autopista y empezamos a subir unos pequeños escalones. Aquí me encontré más tráfico del esperado. Me puse nervioso y solté un “venga que esto se pasa montado” y el ciclista que me precedía se giró hacia mí. Era Eloi, le había cogido en este punto. Me permití darle unos consejos, ya que era conocedor del terreno. “nen, ahora cabeza y poco a poco que la subida es muy larga” Acto seguido bajé dos piñones, empecé a dar pedales como un poseso  y adelanté unas  posiciones gracias a que seguí por la acera y el resto de competidores circulaban por la calzada. Juro que no lo hice con puterío, sino que me salió así. Al final de la marcha nos hartamos de reír con esta anécdota.  Bajada cerradita y subida para interceptar la carretera de Gelida. Aquí la gente se portó de 10. Casi todos estaban descabalgados, pero se apartaron cuando lo pedí y me animaron a tirar para arriba. Unos voluntarios de la organización estaban parando el tráfico, así que perdí muy poco tiempo allí.



Empieza la “Pujada a la Font de la Saborida” Mucho tráfico, demasiado para mis aspiraciones a recuperar tiempo. Mi cabeza me decía “haber corrido más rápido” La gente que estaba allí se merecían esa posición, se la ganaron a pulso. Hay que trabajar más el running y quejarse menos. Gracias a las palabras mágicas “dreta/Esquerra” pude hacerme un hueco entre tantos “caminantes” y pude llegar bastante arriba sin desmontar. Pero en una de las rampas más rotas y resbaladizas no pude adelantar. El entrenamiento previo me decía que, en aquel punto, solo había una trazada buena con suficiente grip. Pero no fui el único que lo pensaría, el problema es que la estaban utilizando para caminar. Nervioso, taquicárdico, sudado, puse pie a tierra y adelanté a un pequeño pelotón. Allí otra voz conocida me daba ánimos, era Jesús Pérez, el compi de calentamiento previo a la carrera, que me incitaba a subir sentado y tirar a muerte. Pasada esta situación pude coronar solo y pedaleando hasta tocar asfalto de nuevo.  En la Font había previsto un avituallamiento líquido. Vasito de agua para el cuerpo y seguimos subiendo, ahora por asfalto.

 

Dejamos la carretera para adentrarnos en una pista que bajaba a la izquierda. A partir de este punto, la carrera casi fue en solitario para mí, con algún que otro adelantamiento. Tenía que recuperar físicamente en este tramo pero sin perder demasiado tiempo. Llegamos a Can Xandri, dejamos la masía a nuestra derecha y empezamos a bajar por un tramo estrecho, con muchas raíces y con un surco bastante marcado por las lluvias. El entreno previo me daba la seguridad necesaria para bajar sin miedo. Ahora toca remontar de nuevo por una zona bastante ancha, fruto de las actuaciones forestales hechas recientemente. Antes el camino era más estrecho…y bonito. Bajamos a toda velocidad camino de Can Sunyer, donde nos esperaría otro “regalito” de la organización. Tenemos que subir, por asfalto, una tramo interminable que se hace más duro por el calor y por los Km’s que llevamos en las piernas. Pero eso se te olvida cuando vuelves a escuchar gritos de ánimo desde la cuneta. De nuevo Juanjo (este tío está en todos los sitios, como Dios!!!) está de control al principio de la subida. Me regala otra foto y me comenta que voy bastante bien…
 

 

Llegamos al depósito de agua y apuro mi último gel. Queda muy poco para volver a bajar, pero todavía tendría que subir para llegar a la Serra de les Torretes.  Antes de llegar a “quatre camins” toca girar a la derecha, última subida hasta una torre eléctrica y luego senderito y descenso hasta el  carrer del mur Aquí tenía muy claro que no me tenía que dejar adelantar por nadie, pero el problema fue que el que quería adelantar era yo. Encuentro de nuevo un poco de tráfico, pero esta bajada es tipo “single track” así que toca esperar pacientemente hasta llegar abajo.  Tocamos, de nuevo, asfalto camino a la rotonda y allí disparados hacia el Pont del diable y la pista que nos lleva de nuevo al parquing del vapor, donde haríamos nuestra última transición. Una sonrisa se empezaba a dibujar en mi cara, creía que lo tenía hecho, pero mis sentidos me engañaban.

 


Al llegar al parque cerrado, unas vocecitas gritaban “¡¡¡papá!!!”  Eran mis tres niñas que me estaban esperando desde hacía un rato. Qué bueno, por fin mi familia me acompaña a un acto deportivo, lo hubiera deseado desde mi época del karting… Algunos corredores paraban antes de entrar en la zona de transición a beber isotónico, yo no paré ni para saludar. Bici colgada, zapas puestas, casco fuera, GO!!!! Nada más cruzar el arco de salida, las sensaciones se volvieron contra mí. Las piernas se pusieron duras como estacas y solo podía dar pequeños pasos, no llegaba a alargar la zancada. En la bici hubiera podido hacer el circuito de nuevo, pero corriendo las cosas se pusieron feas. De repente, en el carril de vuelta, veo a Axel que me dice ”¿Ya estás aquí? Vas muy bien Luichi!!!” Ostia, pero si yo creía que este fenómeno estaría ya en la ducha. Saco fuerzas porque había que subir el repecho de hormigón debajo de la autopista. Allí, de nuevo, festival de Pope y compañía, dándolo todo por animar a su paisano. Que buena gente es este Pedro. Llego al giro de izquierdas para encarar Santa Margarida y veo otra cara conocida, es Mónika que estaba de control. Definitivamente, correr en casa te da ese plus de fuerza, porque empecé a correr más rápido, porque lo tenía en mis manos, porque lo estaba disfrutando. Pero, a pesar de mi cambio de ritmo, algunos participantes me adelantaron en este tramo. Hay que trabajar más el running, hay que echarle más horas.

 

Última recta antes de meta y última sorpresa. Se pone a mi lado Jesús, el compañero con el que hemos estado haciendo “la goma” toda la carrera. Ahora es él el que me coge de nuevo la estela, a pocos metros de la llegada. Cruzamos juntos la línea de meta y yo siento que me he quitado un peso de encima, he llegado a la meta muy satisfecho con el trabajo realizado. Entregamos los chips  y nos ofrecen la bolsa del corredor con algunos obsequios y una camiseta muy divertida. La organización ha estado (de nuevo)  a la altura de una prueba que se va afianzando en el calendario, año tras año. El único pero que le podemos sacar es que, en el momento de dar las bebidas, se quedaron sin vasos y tuvimos que agudizar el ingenio para poder refrescarnos el gaznate.

 

Esta es la “pequeña” crónica de lo sucedido aquel día, siempre desde mi prisma personal. A poco que pueda, el año que viene repetiré la experiencia. Incluso la buena clasificación obtenida (62 de 212 participantes) hacen que me plantee participar en otras Duathlones de montaña.  Tocará mirar el calendario. Creo que es a principio de temporada cuando se disputan más pruebas de este tipo, estaremos atentos.

 

Os dejo con la dirección web de la prueba, donde podréis obtener más info de la carrera y ver algunas fotos de todas las ediciones disputadas.  Por esta vez, el diablo no pudo conmigo.



CURSA EL DIABLE, MARTORELL

 

 

 

 

miércoles, 3 de julio de 2013

Quebrantahuesos 2013




Selénika, Monegros, Trinxacadenes, Cabrilenca, Catllaràs…el año pasado estuvo lleno de buenas e intensas pedaladas. Disfrutamos de todas ellas al máximo y ahora tocaba planificar la temporada 2013. En nuestra cabeza resonaba un nombre mítico, una posibilidad, otro reto con el que soñar y esforzarse para llegar en buena forma y “disfrutar” de su recorrido. Quebrantahuesos btt 2013 nos pareció demasiado interesante y atractiva como para dejarla escapar. Segunda edición, prueba con carácter UCI PRO MARATHON y que daba, a los 20 primeros clasificados, el pasaporte para disputar el campeonato del mundo de la especialidad, palabras mayores.

 
 
 













La carrera estaba programada para últimos de abril. Contando que nuestra inscripción fue efectiva a mediados de febrero, tenía algo más de dos meses para prepararme física y mentalmente. Con un invierno tan lluvioso como el de este año se hacía difícil poder entrenar bien la base. Por este motivo, el regalo de mi cumpleaños fue un rodillo para entrenar bajo techo. Ya hablaré más extensamente, en otra entrada, de este “engendro mecánico” pero os puedo adelantar que está más que amortizado.  BKool se llama el aparatito, 100% recomendable. Hemos sido muy amigos durante el periodo invernal, a pesar de que mucha gente me había advertido de lo aburrido y tedioso de entrenar así. Todo está en la mente (o eso dicen) así que con la motivación por las nubes y algo de fuerza de voluntad pudimos completar un periodo de 8 semanas trabajando el fondo físico. La temporada que viene repetiré el programa de base, esta vez por 3 meses. Los resultados se notan, el cuerpo sufre adaptaciones al esfuerzo, pero no esperes verlas a corto plazo.

 


Las aventuras en solitario son épicas, pero en compañía son…MÁS DIVERTIDAS!!!  Así que nos volvimos a juntar los de siempre, los “tres mosqueteros del btt”  Axel, Eloi y un servidor. Teníamos reservado un Bungalow en un camping a las afueras de Sabiñánigo. El sábado 27 de abril emprendimos la marcha a medio día, parada técnica para comer algo y llegada a primera hora de la tarde a destino. Fuimos a recoger los dorsales y tuvimos la primera sorpresa del día. La Organización del evento, por causas de la meteorología, tuvo que suspender parte del recorrido. La primera ascensión estaba muy deteriorada por las nevadas acontecidas durante la semana y no podían asegurar la integridad física de los participantes. Hicieron un recorrido alternativo y  rebajaron el desnivel positivo acumulado previsto (y menos mal…).

 
 

Nos levantamos la mañana del domingo con muchas dudas en la cabeza, sobre todo de cómo salir vestidos para afrontar aquella aventura. Las noticias decían que en la cima de los puertos estaban bajo cero, el sol no acababa de hacer acto de presencia y la confusión nos comía por dentro. Después de hacer alguna prueba, Eloi y yo salimos de riguroso invierno y Axel, en plan torero, de corto, con manguitos y chaleco. Olé tus pelotas, nen!!!
 
 
 

 

En la línea de salida mucho ambiente, mucho maillot lleno de publicidad, señal que habían unos cuantos “Pros”  dispuestos a darlo todo. Si ponías la oreja, aquello era como la torre de Babel, había gente de muchos países diferentes. Sin acomplejarnos en absoluto sacamos nuestras monturas y fuimos a calentar un poco las piernas. Pudimos saludar a nuestro amigo maño, el señor Royo, piloto ilustre y parte fundamental del Craksracing Aragón (campeonato de karts de alquiler). Tenía a un compañero de trabajo inscrito y se acercó a desearnos suerte (la íbamos a necesitar). También coincidí con el gran Israel Núñez, compañero en el club MartorellBike y ganador de la Titan Desert 2009, entre otras muchas pruebas de renombre internacional. Pero él juega en otra liga, está en primera división y finalmente ganaría, por derecho propio, una de esas 20 codiciadas plazas para acceder al campeonato mundial de la especialidad. Que grande eres macho!!!
 

 























Salimos, para variar, en la cola del pelotón. Es un clásico, así nos curamos en salud y disponemos de una excusa perfecta para explicar nuestros pobres resultados en carrera (s.c). Nada más salir un pequeño repecho hace estirarse el  grupo numeroso y con ganas de dar pedales. Salimos a carretera para enlazar con una pista muy rápida, llena de charcos (algunos inmensos)  y donde vimos alguna que otra caída. Tras otro tramo de asfalto llegamos a una dura subida. Supongo que estaba pensada para hacer una primera criba seria del personal, pero arriba había un tapón de tres pares de narices. Todo el mundo parado, porque empezaba un senderito sube-baja, tipo single-track y el acceso era muy estrecho, demasiado. Creo que la organización tuvo que poner otra subida más larga antes, porque allí todo el mundo perdió más de media hora. Los Pros pasarían muy estirados, pero los “populares” vamos en rebaños y luego pasa lo que pasa. Allí me reagrupé con Eloi, hicimos casi todo el camino juntos, hasta la subida final.


 

Después del senderito nos esperaba una bajada muy técnica, llena de piedras muy grandes y afiladas, ideales para dejarte la clavícula…y algún diente en caso de caída. Ahora vuelve a tocar pista rápida hasta llegar a la segunda trampa del día. Había que cruzar un río, pero no había paso habilitado.  Tampoco había miembros de la Organización, tan solo un motorista sentado en lo alto de una roca viendo como las pasábamos putas intentando cruzar. Menos mal que los bikers somos gente solidaria. Solo así se explica cómo teníamos que dar un salto de más de metro y medio para pasar a la otra orilla y luego pasarnos las bicis por el aire. Aventura pura.

 
 
 
 
Seguimos llaneando hasta una población con cuatro casas. No recuerdo el nombre, pero sí el empedrado de sus calles, enorme!!!  Que duro fue pasar por allí, con las piernas como estacas del sofocón que nos habíamos pegado para recuperar el tiempo perdido en aquel senderito…  Tras remontar un pequeño desnivel dimos cuenta de un divertido caminito, cerrado por la vegetación, que nos llevó a uno de los avituallamientos  previstos por la Organización. Aquí los voluntarios estuvieron de 10. Ofrecían aguantarte la bici, traerte comida, informarte de los kilómetros que quedaban. Esa es la parte que más destacaría, el trabajo desinteresado de los voluntarios. Por una camiseta de recuerdo se dejan la piel y las fuerzas para que los participantes lo pasemos bien. Por eso es tan importante no participar NUNCA en una prueba sin el correspondiente dorsal. Tengamos respeto por los demás.


 

Un plátano y medio después, estábamos en marcha de nuevo. Llegamos a una población muy grande, creo que era Biescas. Allí, en medio de una plaza dura, estaba el amigo Royo con su cámara de fotos. Nos pusimos muy contentos de verle y nos hizo unas instantáneas para recordar el momento. Gracias Dani!!!! Cruzamos una riera casi seca y tras subir una rampa de madera, empezamos a tirar fuerte en llano. Poco a poco me voy despegando de Eloi con bastante facilidad, solo manteniendo el ritmo. Es ahora cuando recoges los frutos de un entreno ordenado y meticuloso durante el invierno. El trabajo en rodillo daba sus resultados y podía mantener el esfuerzo sin subir exageradamente de pulsaciones. Todo un lujazo para este cuerpo serrano. Empieza una subida zigzagueante que me rompe la cadencia y pongo pie a tierra por primera vez. Las dudas me corroen por dentro, temo quedarme sin fuerzas a estas alturas y todavía queda lo peor, la ascensión a Punta Güé. Llego al próximo avituallamiento exhausto, anímicamente tocado y espero a Eloi. Cuando llega está tan fatigado como yo, pero no duda. “He venido a hacer el recorrido largo y lo voy a acabar” esas palabras me cambiaron el chip y tengo que agradecerle el “empujoncito” que me dio.  Aquella afirmación, arrancada desde el centro del corazón, desafiando al cuerpo y a la mente, me ayudaron a afrontar la subida con energías (mentales) renovadas.
 

 

Empieza la gran ascensión. Después de una dura rampa asfaltada encontramos una pista no muy ancha, en claro ascenso y con muchas curvas, para poder salvar la pendiente. Hasta aquí voy rodeado de ciclistas, hay bastante ambientillo, pero al llegar al cruce con el recorrido corto me quedo más solo que la una. Todo el mundo tira para abajo, pero yo, como Eloi, no dudo y empiezo la subida en solitario, ya que mi rubio y alto compañero de fatigas se había vuelto a descolgar. El terreno enganchaba mucho, había numerosos charcos y barrizales que ocupaban todo el camino. Muchas revueltas y muy poca gente. Pude adelantar alguna posición, encontré a otros parados al borde del camino. Me interesé por si tenían alguna avería, pero me dijeron en tono jocoso que “lo que necesitamos son unas piernas nuevas” El sentido del humor no debemos perderlo NUNCA, sea cual sea el fregao en que nos metamos. Seguimos a ritmo, a mi ritmo de supervivencia y la poca concentración que me queda la pierdo al ver que empieza a llover “en cámara lenta” vamos, que estaba NEVANDOOOO!!!!!   Aquí sí que se dibujó una sonrisa en mi cara. El año pasado, por estas fechas, nos diluvió en la marcha Monegros , ahora nieve ¿y el año que viene, qué?

 

 

Por fin, tras una larga y dura ascensión, pude ver el impresionante paisaje que se me presentaba como premio al esfuerzo.  Aquí sí que se apreciaba el desnivel remontado y los más de 1.500 metros de aquella montaña. Unas fotos para el recuerdo, una barrita entre pecho y espalda y a afrontar la bajada, o eso creía yo… Tras bajar a gran velocidad no más de 2 Km me encuentro una pared casi vertical. Buf, a caminar toca, arrastrando la bici que parece haber engordado unos cuantos kilos desde la salida. Llego a un punto donde había un equipo de rescate, de unas 4-7 personas vestidas de naranja y con una camilla de salvamento. Aquello me olió a chamusquina y puse ojo al parche. Allí empezaba una terrible bajada con mucho desnivel. Como me precedía un grupo de ciclistas vascos, decidí esperar y ver como empezaban a descender. Lo tuve claro cuando vi al primero de ellos salir por orejas haciendo la conocida “catapulta infernal”  Pie a tierra, al menos en los primeros metros de barranco. Montamos de nuevo y aquello sí que fue “enjoy” como dicen en mi club. Bajada single-track con mucha piedra suelta, técnica  y con revueltas cerca del precipicio. Vistas alucinantes, más si pensabas que había que llegar allí donde las personas parecían puntos…

 
 
Una vez abajo,  la confianza en mí mismo había crecido enteros. Sabía que lo tenía en el saco, que la carrera la tenía en el bolsillo. Nueva parada para hacerme unas fotos con las montañas nevadas de fondo y a apretar el culo de nuevo encima de la bici. Pero esta carrera tenía más trampas que una película de chinos y llegamos a la traca final. Tuvimos que pasar un río enorme, enmoquetado con unas pedazo de piedras (cantos rodados)  que casi no podías dar pedales. Lo bueno es que tenías que pasar por allí sí o sí. La pregunta a estas alturas de pedalada era ¿hacía falta hacernos pasar otro río y llegar calados hasta los huesos? No hubo tiempo para pensárselo mucho, piernas mojadas hasta las rodillas y con un par. Pasamos por una ermita muy chula y empezamos a remontar dirección Sabiñánigo, hasta llegar a un pequeño circuito señalizado que daba paso a línea de meta.
 

 











Muy contento de poder terminar una prueba tan dura y exigente. La alegría interior contrastaba con la imagen desoladora de la zona de llegada. Habían habilitado unas gradas donde solo estaban Axel y los padres de Eloi. Ni rastro de megafonía, el camión del pódium cerrado, nada de animación, ni tan solo la tarde gris ayudaba. El único consuelo que tuvimos fue una taza de caldo caliente y una bebida energética. Escaso, preocupante y patético. He participado en marchas con un coste de inscripción mucho menor y al final del recorrido te han obsequiado con una camiseta de recordatorio, te han dado de comer un bocadillo y unas bebidas (sino un menú completo) prensa deportiva, etc. Una prueba, a priori, con tanto nombre como la Quebrantahuesos (supongo que su hermana mayor será diferente) no puede ofrecer como obsequio un bote de plástico con publicidad del principal sponsor  y un vasito de caldo caliente. Que menos que, después de acabar tan exigente recorrido, tener un recuerdo como finisher (diploma o medalla que lo acredite) y algo de comida caliente y consistente que llevarte al cuerpo. En este evento he tenido la sensación de que les hemos pagado la carrera a los ciclistas profesionales. Si la prueba está abierta a ciclistas populares la Organización también los tiene que tener en cuenta, mirar por su confort y cuidarse de su atención.  Algo decepcionado en este aspecto, espero que se pueda mejorar en años venideros. Un evento de estas características da mucha vida a una población y deja mucho dinero en turismo (alojamientos, comidas, gastos varios) como para perder participantes en futuras ediciones.
 

 

Como siempre, os dejo con el enlace a la página oficial del evento, al track grabado por mí y a un video resumen de la carrera. Hasta la próxima aventura!!!

QUEBRANTAHUESOS 2013